Se acercan las elecciones más importantes que hayamos visto en nuestra vida. Normalmente, hay que elegir entre un político sinvergüenza y otro político menos sinvergüenza. Ahora la cosa es distinta. Ahora las alternativas son la ruina total o la salvación. Por primera vez en la historia reciente del país, en las urnas nos jugamos la supervivencia. Si gana el candidato de AP, empieza a fijarte en Venezuela y Cuba para entender nuestro destino. En unos años estaremos comiéndonos el taraxaco de los terrenos baldíos para subsistir.

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Dicen que la sopa de hoja no es tan mala. *solloza*

Si todavía es necesario explicarte por qué es una mala idea votar por Lenin Moreno en estas próximas elecciones, no hay nada que hacer. ¿A estas alturas, AP? ¿Después de diez años de expolio, crimen, abuso desmedido del poder y una ineptitud (o maldad deliberada) que nos tiene al borde de la hambruna? Si todavía piensas que votar por AP es una posibilidad, es que no tienes esperanza de redención. Y yo no quiero ni verte.

Entonces, hay que votar por algún otro. Hay siete posibilidades, que francamente son un exceso de seis. Dalo Bucaram, Iván Espinel, Guillermo Lasso, Paco Moncayo, Washington Pesántez, Cynthia Viteri y Patricio Zuquilanda.

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No son exactamente la Liga de la Justicia, pero los políticos nunca lo son.

Hay poco que decir de Espinel y Pesántez. Tienen un pasado correísta que por sí solo los descalifica. Yo no me olvido de que cuando Pesántez era fiscal general, su comitiva atropelló y mató a una joven, y que la justicia correísta se movilizó para exculpar a Pesántez y su esposa (que aparentemente era quien iba al volante). Tampoco ignoro que Espinel, primo de los tenebrosos hermanos Alvarado Espinel, era hace pocos meses uno más de la inmensa manada de APs anónimos.

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Espinel es el de la izquierda. Por lo menos eso creo.

Pesántez y Espinel pueden no ser más que un par de fichas del oficialismo que tratan de dividir el voto opositor. Afortunadamente, parecen estar fracasando en este objetivo. Nadie les presta atención.

Zuquilanda solo es conocido por su poco glorioso paso por cancillería en el triste gobierno de Lucio Gutiérrez. Nadie lo toma en serio tampoco. Aunque parece tener una que otra idea buena (en el debate de la CCG dijo un par de cosas acerca del comercio libre que me agradaron) no es un contendor con posibilidades de darle un susto al correísmo.

Digan lo que digan, Dalo Bucaram no me parece muy distinto de su infame progenitor. Un populista que lanza el nombre de Dios a diestra y siniestra y no parece tener las ideas muy claras en ningún campo.Y me cuesta imaginármelo derogando regulaciones y abriendo el país al mercado. Pero lo peor de Bucaram es su binomio. No puedo ver a Ramiro Aguilar ni pintado en un pastel. En una ocasión, dijo en Twitter que estaba de acuerdo con Rafael Correa en que se debería controlar el precio de las universidades, lo cual muestra una mentalidad autoritaria y socialista. No puedo mostrar el tuit, porque el muy demócrata me bloqueó cuando disentí educadamente.

Y llegamos a Paco Moncayo. Es una de cal y otra de arena. Por un lado, es el polo opuesto de Rafael Correa en su forma de ser y expresarse. Eso es bueno. Me cuesta imaginarme a Moncayo bajando de su auto para amenazar a un ciudadano por hacerle un gesto despreciativo. Tampoco lo veo persiguiendo a los medios de comunicación con la saña enfermiza que ha caracterizado a Correa por una década. El problema de Moncayo es la ideología y la gente de la que se rodea. Con él están los resentidos de extrema izquierda que se pelearon con Correa, ya sea porque éste no les dio una parte más grande del pastel en el gran festín del petróleo, o porque no es lo suficientemente comunista. Alberto Acosta, María Paula Romo e incluso Silvia Buendía odian a Correa no por socialista abusivo, sino porque no es lo suficientemente socialista y abusivo. O sea, si llegaran al poder serían tan malos como él e incluso peores. Moncayo y su partido en general no están comprometidos con las libertades y con el crecimiento económico. No puedo votar por él.

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Todos los hippies amargados que conozco van a votar por él. Así que yo no.

Luego viene Cynthia Viteri. Ayayay.

Oigo a mucha gente diciendo que Viteri les ha “decepcionado”. A mí no me ha decepcionado para nada, porque nunca esperé gran cosa de ella. Su partido, el PSC, siempre ha sido una pandilla de populistas tercermundistas. Cada vez que veo en redes a la policía municipal de Guayaquil agrediendo a un vendedor informal, recuerdo que Jaime Nebot no es un amigo de la libertad ni del libre comercio. Y Viteri no es mejor.

Viteri ha hecho propuestas populistas prometiendo el oro y el moro. Ha hecho unas declaraciones acerca del salario mínimo que demuestran una palmaria ignorancia de los más elementales principios económicos. Incluso su posición frente al aborto resulta bastante floja. (Este birdwatcher es un pro-vida con argumentos libertarios basados en el principio de no agresión).

Pero lo peor de Viteri ha sido su actitud odiosa frente al principal candidato de la oposición, Guillermo Lasso. Nadie creyera, al oírle hablar, que Viteri representa a un partido de “derecha”. Lo suyo es populismo puro. Se pasa haciendo alusiones despreciativas a la condición de empresario exitoso de Lasso. Si había alguna pequeña posibilidad de que yo votara por ella, este tuit la enterró:

¿Despedir gente significa falta de alma? ¡Por amor a todo lo sagrado! Que alguien le explique a Cynthia Viteri que los empresarios no son Papá Noel y que tienen la potestad y la obligación de hacer despidos cuando las circunstancias así lo requieren. Que alguien le explique que el salario mínimo no previene el desempleo, al contrario:lo causa. Que alguien le ruegue que deje de decir esas cosas propias de un caudillo populista de izquierda.

Lo mejor de Viteri es su binomio. Mauricio Pozo es el mejor de todos los candidatos a vicepresidente. Es inteligente, tiene una trayectoria intachable y él (a diferencia de Viteri) sí sabe de economía. Pero por sí solo no rescata una candidatura que ha sido caracterizada por el populismo, la demagogia y el afán irracional de destruir a Guillermo Lasso.

Los rumores que corren son que Viteri no es más que una ficha correísta para dañar a Lasso. Yo al principio no di nada de crédito a semejantes chismes. Pero Cynthia Viteri ha trabajado incansablemente para hacerme pensar que tienen mérito. Véase su lastimosa presentación en el debate de la CCG.

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“Señora Viteri, ¿como piensa reactivar la economía no petrolera?” “Bueno, primeramente LASSO MALO, y en segundo lugar LASSO BANQUERO Y POR LO TANTO MALO, muchas gracias”

Queda Guillermo Lasso. Yo voy a votar por él. No es una simple decisión circunstancial de “es el que está segundo y hay que votar por él para sacar al correísmo”. No. He apoyado a Lasso sin interrupción por todo un lustro. Que esté segundo en las encuestas y sea el principal candidato de la oposición es para mí una bendición.

No soy militante de CREO ni tengo ninguna relación laboral o política oficial con Lasso o su partido. Simplemente, soy un votante ideológico, y Guillermo Lasso es de largo el candidato que más comparte mis opiniones. Se comprometió a derogar impuestos, y para mí, eso es demasiado maravilloso. Never forget:

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En el debate dijo lo que cualquier persona decente sabe y defiende: que el dinero está mejor en las manos de los ciudadanos que del Estado. Los políticos, no solo en el Ecuador sino en todo el mundo, parecen creer lo contrario (y ese es un motivo por el que yo siempre mantengo que los políticos en general son gente indecente). Lasso parece ser algo completamente excepcional: un político que NO se muestra ávido de robar a sus conciudadanos.

Y antes dijo que no le iba a quitar a los ciudadanos su elemental derecho a defenderse de la agresión, permitiendo el uso de armas. (Esto por sí solo ya es motivo suficiente para votar por él).

Ha prometido derogar la criminal ley de comunicación, quizá la peor y más dañina ley de la historia del Ecuador republicano. Y él, a diferencia del enfermo mental que ahora ocupa Carondelet, sí entiende el papel de la prensa libre en la sociedad.

Incluso demostró una claridad mental excepcional en un político ecuatoriano cuando reconoció en el debate que criminalizar la marihuana con la misma severidad que la heroína o la cocaína no tiene sentido.

Claro que hay objeciones de parte del progresío incorregible que cree que no se debe votar por alguien que pertenece al Opus Dei (¿Qué creen que es el Opus Dei? Tengo la impresión de que estos pinkos atolondrados se imaginan que es una sociedad siniestra parecida al Klan.) O que está muy mal que se oponga al aborto (para mí, ojalá que quede claro, eso es un plus).

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Cada vez que alguien dice que es imposible ser libertario y pro-vida, el político libertario más importante del mundo se troncha de risa.

Lasso, en suma, es un liberal en el sentido clásico de la palabra: cree en la libertad y responsabilidad de los individuos. Es escéptico de la gran recaudación de impuestos y gasto público. Cree en la libertad de expresión. Respeta la diversidad en todas sus formas. Es sencillo, educado, leal, trabajador y responsable. Lean, al respecto, a Carlos Andrés Vera.

Si toda esta ideología y juicios de valor no te llaman la atención, si lo único que quieres es sacar al correísmo del poder como sea, Lasso sigue siendo la mejor opción. No solo porque está segundo en las encuestas, sino porque es el menos populista, socialista, peleón y demagogo de todos los candidatos. O sea, es el menos parecido al demente enfermo de odio y soberbia que nos ha torturado por diez insoportables años.

(Ah, y si tú crees que Lasso fue el culpable del feriado bancario, déjame decir que es muy triste que te tragues las sandeces sin patas ni cabeza que propaga la SECOM. Infórmate un poco.)

Hemos vivido una década horrorosa, de persecución, empobrecimiento y miedo. Tenemos una oportunidad de echar al correísmo al basurero de la historia. Pero ésta oportunidad no pasa por Viteri, ni por Moncayo, ni por Bucaram, ni por los otros. Yo ya me decidí por Lasso. ¿Y tú? Convéncete:

Lasso es el hombre.

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